En unos días será el día de difuntos. Ciertamente, puede que algunos se pregunten porqué una entrada sobre este día en un blog sobre gladiatura. La respuesta es sencilla: tiene todo que ver.

Se relaciona esta jornada también a lo largo de la historia, con el cambio de estación, el fin de la cosecha, con que los humanos podían visitar el mundo de los muertos y los difuntos podían recorrer la tierra. Así tenemos festividades como el samhain en el mundo celta o el mundus patet de la esfera romana.  En la actualidad tenemos tradiciones muy dispares, desde el Halloween del mundo sajón, al día de los muertos de la zona centroamericana, pasando por la extendida costumbre cristiana de limpiar los cementerios y hacer ofrendas florales a los difuntos propios. Sea como y donde fuere, lo cierto es que es un día para honrar a los que se fueron y recordarlos, ya sea con nostalgia triste por lo que ya no está, o nostalgia alegre por todo lo que nos dejaron.

Aquí es donde encaja con la gladiatura pues, en su forma más primigenia, no deja de ser una ofrenda a nuestros difuntos y, pese al transcurrir del tiempo, en época más tardía, se seguía usando para conmemorar y dar gloria a los difuntos de aquel que organizaba los juegos (y a él mismo, no vamos a mentir). Pese a lo que Hollywood nos haya infundido en la mente colectiva del ajeno a este mundo, la gladiatura es un rito funerario. Una forma de recordar a nuestros muertos, de tenerlos presentes con nosotros, de homenajearlos.

Aún a día de hoy, para aquel que es gladiador, esto puede suponer un vínculo intenso con sus difuntos, recientes y pasados, porque, como siempre digo, la gladiatura real, tiene un componente espiritual innegable.

Personalmente, la gladiatura me ha dado la ocasión de estar en comunión con mis difuntos, especialmente con mi padre. Por eso la gladiatura tiene que ver con el día de difuntos, al menos, a  nivel espiritual, para aquellos que no capen esta parte de su ser, por que amigos, espiritualidad, de una manera u otra, tenemos todos, solo que hay quien se esfuerza en reprimirla, y quien la deja salir.

Somos mente, cuerpo…y alma.