Nos cuenta Séneca el caso de un venator que, asustado, se suicidó de forma muy poco honrosa: “durante una lucha de venatores con las fieras, uno de los germanos que iba a participar en el espectáculo matinal se retiró al excusado para evacuar —a ningún otro lugar reservado se le permitía ir sin escolta—. Allí, el palo que, adherido a una esponja, se emplea para limpiar la impureza del cuerpo, lo embutió todo entero en la garganta, con lo que, obstruidas las fauces, se ahogó. Acto éste que supuso un escarnio para la muerte. Así, desde luego, poco limpiamente, poco decorosamente”1.

Los venatores o cazadores, como también los gladiadores, eran hombres armados que luchaban para diversión del espectador romano. Es un grave error confundirlos con los gladiadores: los venatores estaban especialmente entrenados para cazar animales en la arena del edificio de espectáculos y, a diferencia del gladiador que luchaba para luchar o morir, el venator lo hacía para cazar y sobrevivir. Fueron otros héroes de la arena romana, pero pocas veces nos acordamos de ellos y, sin embargo, los romanos los consideraban valientes y loaban su audacia tanto como la de los gladiadores.

¿Quiénes eran los venatores?

En la arena del Coliseo, con excusa de cualquier celebración, se organizaban diversiones que duraban jornadas completas. Un día en el anfiteatro se dividía en tres sesiones: Por la mañana, desde muy temprano, se desarrollaban las venationes, o cazas de animales, al mediodía era el momento de las ejecuciones de condenados a muerte o damnatio y por la tarde de las famosísimas luchas de gladiadores. No podemos confundir el espectáculo matinal con el vespertino.

Las cacerías de fieras eran una forma muy sencilla de demostrar por parte del emperador el poder que Roma tenía sobre la tierra conocida. En la arena aparecían animales y personas de todas las regiones del Imperio y esto encantaba a los romanos. Era su forma de celebrar el dominio absoluto de hombres y naturaleza de los países que se iban conquistando.

Las venationes se celebraron mientras existió el Imperio Romano. Tenemos constancia de estas ya en el periodo republicano. La primera mención a animales en espectáculos romanos es acerca una lucha sangrienta entre animales. Fue muy simple: se ataron juntas las dos fieras al aire libre y se dejó que ellas solitas liberasen sus instintos, matándose la una a la otra2, curiosamente ochenta años antes que la primera lucha de gladiadores como espectáculo público, no como evento privado. La primera venatio como cacería en la que hombres luchaban contra fieras ocurrió en el 186 a.C., en ella Marco Fulvio ofreció una celebración durante diez días por su victoria en la Guerra Etólica y en ella apareció una cacería de leones y panteras, entre otros muchos entretenimientos 3. A partir de entonces la aparición de animales en la arena se repetirá durante toda la historia del Imperio. Durante el gran hito de los espectáculos, el de la inauguración del Anfiteatro Flavio por Tito en el 80 d. C., se cazaron 5.000 fieras en una sola venatio4, que según Dion Casio fueron 9.000. Domiciano, tras la Guerra Sármata, en el 93 d.C., organizó una caza donde participaron tigres. Trajano lanzó a la arena 11.000 animales tras la Segunda Guerra Dacia, y las celebraciones duraron 123 días5. Nos cuenta Dion Casio que Adriano, durante el aniversario imperial, utilizó en la arena 400 leones y el mismo número de leonas. Fue en el 523 d.C. cuando el aristócrata romano llamado Anicio Maximus patrocinó la que parece ser la última cacería en Roma entendida como venatio tradicional.

Las escenas que conservamos nos muestran cómo luchaban en la arena estos especialistas de la cacería como espectáculo. Armados con un venablum (estaca reforzada con punta de hierro), los venatores protegían sus brazos y piernas y salvaguardaban el pecho y la espalda, a veces incluso con placas de hierro o cotas de malla. Dependiendo del periodo, se los representa con casco, escudo y grebas. Algunos luchaban directamente con las manos o, a veces, con herramientas extrañas.

También existían venadrices, es decir, mujeres cazadoras, aunque eran una minoría. Conservamos algunos nombres de famosos venatores como el de Carpóforo6, el de la cazadora Mevia7 o Berilius8 un venator que murió con 35 años y cuya lápida epigráfica fue encontrada en Ondara (Alicante), una localización extraña para una tumba de alguien relacionado con el mundo venatorio. Tampoco faltaban los emperadores y grandes personalidades que saltaban a la arena, como Cómodo9 que se enfrentó a animales como si él mismo fuese un venator profesional.

Tenían su propio cuartel de entramiento, debido a la especial destreza que los venatores debían adquirir, este era el Ludus Matutinus, el que conocemos mejor fue construido por Domiciano entre el 80 y el 90 d.C. Solo y únicamente albergaba a los venatores. Su tamaño era menor que el del Ludus Magnus y su nombre ya nos dice mucho y es que los venatores únicamente luchaban por la mañana, mientras sus colegas, los gladiadores, lo hacían por la tarde. Los edificios tenían la misma estructura: también tenía un patio circular porticado inscrito dentro de un edificio cuadrangular. Probablemente se encontraría junto al Coliseo.

Gracias a las fuentes y a la iconografía sabemos que estos valientes luchadores se enfrentaban en los espectáculos del anfiteatro, del circo o en cualquier otro lugar acondicionado para tal celebración, contra leones, tigres, leopardos, osos, tigres, elefantes, rinocerontes, hipopótamos, cocodrilos, toros, jirafas, avestruces, bisontes, hurones, linces, uros, monos, camellos, ciervos, caballos, cabras montesas, ovejas salvajes, liebres, focas, búfalos, cebúes, gatos, caballos salvajes, onagros, hienas, cebras, antílopes ibis, grullas y un largo etcétera. Por supuesto, los animales más grandes eran los favoritos.

Para darle más espectacularidad a la caza se decoraba la arena imitando bosques, paisajes naturales o se imitaba el lugar del que provenían los animales. Probo decoró la arena con un bosque de grandes árboles (incluidas las raíces) que estaban hincados en vigas, y todo el decorado se llenó de animales como avestruces, jabalíes, ciervos y gamos10.

Los animales que morían pasaban a formar parte del mercado de carne romano, primero a manos de los procesadores y después de las carnicerías. Otros productos procedentes de los animales, como las plumas de avestruz, iban a parar al ejército11 y con ellas se confeccionaban los penachos de los cascos. Además, las pieles de animales como el elefante y el hipopótamo se utilizaban para hacer escudos12 . La cola (el pegamento de la época) se extraía del cuero de bueyes y toros, especialmente apreciada era la de los primeros13. Con los genitales del camello se obtenían las mejores cuerdas para arcos14.

El trabajo, tras uno de estos espectáculos sería ingente, y podemos imaginar a los operarios matando, rematando y clasificando los restos. Solo la parte inservible para el consumo era finalmente arrojada a las alcantarillas o lanzado para alimentar a los animales supervivientes.

Mientras el venator recibiría los cuidados necesarios por parte de médicos, masajistas o se daría un baño relajante.

El poderoso Hollywood los ha fusionado a los gladiadores induciendo a un error a los espectadores actuales y convirtiéndolos en personajes anónimos, ensombrecidos por sus colegas gladiadores. Volvamos a recordarlos y devolvámoslos al lugar que les corresponde en la Historia.


Notas:

1 Séneca, Epístolas morales a Lucino 70, 20

2 Tito Livio XXXIX 22, 1-2: “Por la fecha en que llegaron de Hispania estas noticias se celebraron durante dos días los Juegos Taurios por motivos religiosos. A continuación, Marco Fulvio ofreció durante diez días, preparados con gran pomposidad, los juegos que había prometido con voto en la Guerra Etólica. Con motivo de esta solemnidad acudieron de Grecia muchos artistas. También asistieron los romanos, por primera vez entonces, a una competición atlética, se ofreció una cacería de leones y panteras”

3 Tito Livio XXXIX 22, 1-2

4 Suetonio Tito, 7, 3

5 Dion Casio LXVIII, 10, 2

6 Marcial, Liber spectaculorum varios Epigramas: XV, XXIII, XXIII, XXVI

7 Juvenal, Sátiras I, 22-23

8 CIL II 3599

9 Herodiano I, 15, 6

10 Historia Augusta Probo XIX, 2-3

11 Plinio Historia Natural, X, 1

12 Plinio Historia Natural, XI, 93

13 Plinio Historia Natural VIII, 94

14 Plinio Historia Natural XI, 261


Imagen de cabecera: Mosaico de villa Borghese representando a un venator. Fuente: Wikicommons.